-Hola dormilona - es solo un susurro pero su voz suena melódica en el silencio de la casa.
-Perdona pero a estas horas es muy normal estar durmiendo así que no me llames dormilona - responde Ale intentando sonar despierta.
-¿Estas mejor? Antes he sentido que lo estabas pasando realmente mal - dice Cory, realmente parecía preocupado.
-Sí, bueno creo que he tenido pesadillas pero en realidad nunca me acuerdo de los sueños, - Ale no quería que el viera sus emociones como si fueran un libro abierto - ¿cómo has entrado? que yo sepa la puerta de casa esta cerrada y vivo en un cuarto piso.
-El caso no es cómo he venido, es si tú estas bien. Por un momento pensé que estabas en verdadero peligro.- Se levanta y va caminando a coger una silla.-Mis sillas son realmente incomodas, si quieres puedes tumbarte conmigo en la cama, es realmente grande.- Ale no sabía porque había dicho eso, un impulso habló por ella. Pero ahora que lo pensaba mejor no le importaría. Era verdad que había estado teniendo pesadillas y si alguien podría ser capaz de calmarla ese seguro que era él.
Cory se dio la vuelta y se quedó mirándola desde la mesa hasta que por fin empezó a andar camino a la cama. Cuando llegó Ale le hizo un hueco justo al lado suyo, abrió el edredón pero inmediatamente cambió de idea porque él estaba vestido y seguramente se sentiría incomodo por estar con ropa de calle en su cama. Cory se quitó los zapatos y solo con la mirada le hizo una pregunta a Ale que ella interpreto por *¿tienes algo que dejarme?*.
-En esta casa solo somos chicas, lo siento - dijo Ale encogiendose de hombros.
Cory sacudió la cabeza con una sonrisa en la boca. se quito lentamente la camiseta y cuando iba a desabrocharse los pantalones Ale le chistó y le señalo al armario donde había unos pantalones de chandal que ella no se ponía porque le quedaban demasiado grandes. Él asintió y se dirigió hacia allí, cuando por fin estuvo listo se tumbó en el hueco que le había hecho Ale y se quedaron así hasta que ella se quedó profundamente dormida.
